La enfermera dio un paso adelante con una postura contenida, profesional, pero con esa sensibilidad que solo se ve en quienes están obligados a dar malas noticias cada día.
—Por favor, síganme —dijo en voz baja, como si temiera alterar la fragilidad del momento.
Kevin ajustó el brazo alrededor de Leah, no para dirigirla sino para sostenerla, como si temiera que un movimiento brusco pudiera terminar de quebrarla. La enfermera los condujo por un pasillo angosto, silencioso, un corredor donde las