—Kevin, fue ella la que me sedujo, ella planeó venir y...
—Se acabó, Gabo. —La voz de Kevin fue un látigo seco—. Ten por seguro que esto no va a quedar así. Sabes perfectamente que Kevin Hill no deja las cosas a medias, y mucho menos estos actos.
La mirada del hombre era feroz, helada, como una sentencia dictada. Gabo comprendió en ese instante que estaba perdido. El hombre que antes llamaba amigo ahora era su juez. Y lo peor: sabía que Kevin cumplía sus palabras.
Desesperado, Gabo giró la