Kevin Hill regresó a Hill Enterprises como una tormenta contenida.
No alzó la voz, no dio órdenes innecesarias, no golpeó nada… pero todos en el edificio sintieron el cambio. Había algo en su andar, en la rigidez de sus hombros, en la manera en que su mandíbula permanecía apretada, que advertía peligro. Kevin no estaba simplemente molesto. Estaba ardiendo por dentro.
El ascensor privado se cerró tras él con un sonido seco. El reflejo de las paredes metálicas le devolvió la imagen de un hombre impecable, poderoso, dueño de imperios… y absolutamente derrotado por sus propios pensamientos.
Henry Morgan.
El nombre martillaba su cabeza desde que había salido de la Villa La Matilde. Aquel nombre tal parece estar ligado a su pasado y su presente, aunque él sabía que aún no era el momento de ajustar cuentas con él, Kevin sabía que cuando aquel momento llegue no le temblará el pulso y tampoco habrá vacilaciones mucho menos arrepentimientos, aunque había que marcar las pautas, le dolía