Kevin Hill regresó a Hill Enterprises como una tormenta contenida.
No alzó la voz, no dio órdenes innecesarias, no golpeó nada… pero todos en el edificio sintieron el cambio. Había algo en su andar, en la rigidez de sus hombros, en la manera en que su mandíbula permanecía apretada, que advertía peligro. Kevin no estaba simplemente molesto. Estaba ardiendo por dentro.
El ascensor privado se cerró tras él con un sonido seco. El reflejo de las paredes metálicas le devolvió la imagen de un homb