Kevin se quedó aturdido por las palabras de Leah.
Jamás imaginó que una mujer se atreviera a responderle… y menos ella. Nadie se enfrentaba a Kevin Hill, pero Leah Presley acababa de hacerlo, y con sus propias frases lo había atacado.
—Vas a encargarte de limpiar esta área, mi oficina, la sala de juntas y las otras dos oficinas que no están en uso. Después, consideraré darte otras tareas. Nadie debe saber que eres mi esposa, ¿queda claro? Nadie conoce la cláusula que me dio el liderazgo absolut