QUIERO UNA MUJER, NO UNA NIÑA.

Los ojos azules de Kevin eran una tormenta anunciada, sus perfectas facciones masculinas se endurecen, mientras, el rostro de Verónica descansaba sobre la almohada blanca, pero no había paz en aquella quietud. Su piel, pálida como la luna que se filtra entre cortinas, parecía absorber la frialdad de la habitación. Los labios, entreabiertos, temblaban como si aún pronunciaran una súplica muda. Había dolor en sus facciones, un rastro de vulnerabilidad que cualquiera habría confundido con la pure
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