—Señora, qué gusto volver a tenerla de regreso —dice Ana con una sonrisa llena de dulzura, cargada de afecto.
—Ana, el gusto también es mío —responde Leah, devolviéndole la sonrisa con un ligero brillo en los ojos.
—Permítame ayudarle con esas maletas, mi Señora —Ana no duda en tomar el equipaje. Leah arrastra el cansancio físico y emocional en cada paso.
—Gracias, Ana. Iré a descansar un momento —susurra Leah, su voz apenas audible, cargada de fatiga.
—Por supuesto, Señora. El viaje siemp