El pasillo del sanatorio estaba sumido en un silencio espeso, apenas interrumpido por el pitido constante de las máquinas dentro de la sala donde Kevin yacía conectado, inmóvil, luchando por mantenerse con vida. El aroma a desinfectante impregnaba cada rincón, y las luces frías del techo parecían intensificar el ambiente tenso que envolvía el corredor.
Leah permanecía sentada en la estrecha banca metálica frente a la puerta, con los dedos entrelazados tan fuerte que los nudillos se le habían pu