El sonido de los cubiertos al posarse sobre los platos fue lo último que se escuchó antes de que el silencio los envolviera por completo.
La cena había terminado, pero ninguno de los dos parecía dispuesto a romper ese hilo invisible que los mantenía atados.
Las llamas de la chimenea proyectaban sombras danzantes sobre las paredes del comedor, y por momentos, los rostros de Leah y Kevin se iluminaban apenas, como si el fuego quisiera revelarles lo que ambos aún callaban.
—Gracias por la cena