La noche caía sobre Madrid con un aire denso, como si el cielo presintiera la tormenta que estaba por desatarse. Kevin apretaba con fuerza el teléfono en su mano, mientras el investigador del otro lado de la línea le confirmaba la dirección exacta del departamento de Henry Morgan.
—Repítelo —ordenó con voz fría, casi susurrada.
El hombre al otro lado repitió los datos con cautela, temeroso del tono de Kevin. Cuando la llamada finalizó, Kevin se quedó inmóvil por un instante, la mandíbula apre