El vehículo se detuvo bruscamente en medio de una carretera oscura, apenas iluminada por la luna que se filtraba entre las ramas de los árboles. El silencio era denso, casi sofocante. Kevin apoyó ambas manos en el volante, su respiración era profunda, entrecortada, y el sonido del motor apagándose fue lo único que rompió la quietud del lugar.
Leah permanecía en su asiento, rígida, con los dedos entrelazados sobre su regazo. Sentía el pulso acelerado en su garganta. Sabía que Kevin estaba furio