La noche envolvía suavemente sobre la Villa La Matilde, envolviéndola en un silencio expectante, casi reverente. En el interior, la habitación de Leah estaba iluminada por una luz cálida y tenue, esa que no invade, que acaricia. Frente al espejo de cuerpo entero, Leah se observaba en silencio, como si estuviera viendo a otra mujer… y al mismo tiempo, a la versión más real de sí misma.
El vestido colgaba de su cuerpo con una caída impecable.
Era color esmeralda profundo, un verde elegante, s