El aire se había vuelto espeso, como si las paredes mismas contuvieran la respiración.
El rostro de Verónica perdió todo color. La arrogancia que unos segundos antes dominaba su expresión se desmoronó de golpe.
—K… Kevin, yo… —balbuceó con torpeza. La mirada glacial del hombre la atravesaba, sin emoción, sin rastro de humanidad.
Un silencio sepulcral se extendió entre ellos.
Leah permanecía inmóvil, apoyando una mano en el suelo. El golpe le ardía, pero más ardía la humillación. Podía sent