La Villa La Matilde estaba en silencio. Un silencio antinatural, pesado, como si las paredes también supieran que algo faltaba.
Kevin permanecía de pie frente a la ventana desde hacía horas. No recordaba en qué momento había amanecido ni cuándo el sol había comenzado a descender otra vez. El tiempo había dejado de tener sentido desde que Leah y Emily ya no estaban.
Apretó la mandíbula.
El reflejo en el vidrio le devolvió un rostro que apenas reconocía. Ojeras marcadas, barba descuidada, los