Leah comprendió de inmediato lo que todos pensaban: que ella estaba fuera de lugar, intentando ocupar el sitio de Dulce. Nadie sabía que su matrimonio con Kevin también había sido impuesto, un secreto que la mantenía atrapada entre la incomodidad y la culpa.
Avanzó hacia su esposo, mientras Gabo lo miraba con una hostilidad apenas contenida. Entre ambos se extendía un silencio peligroso, como un hilo a punto de romperse.
—Creo que no fue buena idea que yo viniera —susurró Leah, incómoda.
Ke