Leah avanzó hacia la sala, aunque una inquietud le pesaba en el pecho. Para llegar a la cabaña debía atravesar una zona llena de rocas, algo que ya la incomodaba. Sin embargo, antes de que lograra decir palabra o quejarse, su atención fue capturada por una motocicleta estacionada frente al lugar.
Una bestia oscura y reluciente, de aspecto indomable.
Su instinto le susurró quién era su dueño, y deseó con todas sus fuerzas estar equivocada. En su vida, Leah jamás había subido a una motocicleta