—Suéltame, Kevin.
El hombre, lejos de atender la súplica de su esposa por contrato, apretó aún más su agarre. Leah no entendía qué estaba ocurriendo. ¿Kevin estaba furioso por haberlo llamado imbécil? Bueno… desde su punto de vista, lo era.
—¿Te molesta que te diga imbécil? —se atrevió a desafiarlo.
Kevin no respondió. En cambio, giró su cuerpo con brusquedad, haciendo que la espalda de Leah chocara contra la puerta. Él estaba tan cerca que su respiración la rozaba. La mujer se tensó; aquel