El sol brillaba alto en el cielo, derramando su luz dorada sobre la isla como una bendición silenciosa. La brisa marina soplaba con suavidad, moviendo las cortinas blancas de la villa y haciendo danzar los globos de colores que estaban atados a las barandas y columnas. Todo el lugar parecía respirar calma, como si el tiempo hubiera decidido detenerse solo para contemplar aquel momento.
La villa estaba decorada con delicadeza. No había excesos, solo la belleza sincera de una celebración hecha