La luna de miel comenzó con el murmullo del mar.
La noche había caído suavemente sobre la costa, envolviendo la playa en una penumbra plateada. La arena aún conservaba el tibio recuerdo del sol del día, y el viento llevaba consigo el aroma salado del océano mezclado con un leve perfume tropical que llegaba desde los jardines del resort. Las olas rompían con un ritmo constante, como una respiración profunda que marcaba el pulso del universo.
Leah caminaba descalza, sosteniendo sus sandalias