El invierno en Finlandia siempre tenía algo de mágico.
La nieve caía con una suavidad casi poética sobre los ventanales de la casa, cubriendo el bosque con un manto blanco que parecía eterno. El mundo estaba en silencio. Demasiado en silencio.
Hasta que Leah sintió la primera contracción.
No fue como en las películas. No hubo gritos ni sobresaltos dramáticos. Fue una presión profunda, intensa, que le robó el aire durante unos segundos. Apoyó la mano en el marco de la puerta, cerró los ojo