El mar estaba calmo esa mañana, como si hubiese decidido descansar de su propia fuerza.
El cielo era de un azul limpio, casi transparente, y la brisa llevaba ese aroma salado que se queda en la piel como un recuerdo. La arena estaba tibia bajo los pies descalzos, y el sonido de las olas marcaba un ritmo suave, constante, casi hipnótico.
Leah cerró los ojos un instante mientras el viento movía su cabello.
Habían decidido escaparse un día entero a la playa. Sin reuniones. Sin compromisos. S