Leah se acomodó en el sillón del balcón, dejando que la brisa marina acariciara su rostro mientras observaba el horizonte. Desde allí, el mar se extendía majestuoso y sereno. Sonrió con suavidad, aunque sus pensamientos pronto la llevaron hacia Dulce y Verónica.
No comprendía por qué Verónica nunca había confesado sus sentimientos cuando tuvo la oportunidad. De Dulce, en cambio, sabía muy poco; apenas que había sido la esposa, en aquel entonces, del hombre que ahora era su esposo. Dulce Hill…