La habitación estaba envuelta en una calma casi sagrada. Leah había descansado lo suficientemente después de la venida de la Clínica.
La luz suave de la tarde se filtraba por los ventanales de la Villa La Matilde, tiñendo las paredes de tonos cálidos, como si el mundo entero hubiera decidido hablar en susurros. Leah permanecía de pie frente al espejo de cuerpo entero, descalza, con el cabello suelto cayendo sobre sus hombros. Vestía una bata ligera que apenas lograba ocultar la curva ya eviden