La mañana avanzaba lentamente en la Villa Hill, pero dentro de Dulce el tiempo parecía haberse detenido.
Estaba de pie frente al ventanal principal, con las manos apoyadas suavemente sobre el vidrio frío, observando los jardines perfectamente cuidados que se extendían hasta perderse en el horizonte. El sol bañaba la propiedad con una luz tibia, casi amable, pero en sus ojos no había rastro alguno de emoción. Ninguna chispa. Ningún reflejo.
Era como si su cuerpo estuviera allí, pero su alma hubiese quedado suspendida en algún punto del pasado… en un tiempo donde Kevin Hill la miraba como si fuera lo único importante en el mundo.
Ahora, ni siquiera sabía en qué lugar de su vida se encontraba.
Había pasado toda la noche prácticamente sin dormir. Kevin no había regresado a la habitación y eso era un infierno para ella. Y aunque una parte de ella sabía que eso iba a suceder, el golpe no fue menos duro cuando la realidad se confirmó al amanecer. La cama intacta del otro lado, fría, inal