La mañana avanzaba lentamente en la Villa Hill, pero dentro de Dulce el tiempo parecía haberse detenido.
Estaba de pie frente al ventanal principal, con las manos apoyadas suavemente sobre el vidrio frío, observando los jardines perfectamente cuidados que se extendían hasta perderse en el horizonte. El sol bañaba la propiedad con una luz tibia, casi amable, pero en sus ojos no había rastro alguno de emoción. Ninguna chispa. Ningún reflejo.
Era como si su cuerpo estuviera allí, pero su alma hu