—¿Te está tratando bien mi nieto? —preguntó Isabel mientras sostenía una taza de té con elegancia.
Leah forzó una pequeña sonrisa. En realidad, Kevin la trataba peor que a un perro; sin embargo, ese día había descubierto una nueva manera de manipularlo, aunque no estaba segura de cuánto podría durar aquella estrategia.
—Abuela, Kevin es muy bueno conmigo —respondió con suavidad.
—¿Qué tan bueno, exactamente? —insistió Isabel con una mirada perspicaz. Leah empezó a sospechar que la anciana busca