Leah decidió entrar nuevamente a la casa, pero para su desgracia, Kevin bajaba por las escaleras.
—Esta noche tengo una gala —dijo con tono seco—. Y, para mi mala suerte, los socios asistirán con sus esposas. Así que deberás acompañarme. Vestido azul, y escoge un obsequio; lo recaudado será para los niños del orfanato. Solo tienes que hacer una cosa, y espero que lo hagas bien.
Su voz carecía de amabilidad. Leah detestaba esos eventos, pero sabía que no podía negarse. Tendría que soportarlo.