Cuando Leah abrió los ojos, los primeros rayos del sol se filtraban entre las cortinas de la habitación. Se incorporó lentamente, y tras darse un baño, salió al balcón para contemplar la calma del día. El aire era fresco, el cielo, de un azul perfecto. Permaneció allí unos minutos, intentando despejar su mente, hasta que decidió bajar a desayunar.
No esperaba encontrarse con Kevin en el comedor. Apenas lo vio, su mente recordó los sonidos de la noche anterior: los gemidos, la voz de la mucama,