A punto de cruzarse.
Carlos Beira no creía en las coincidencias. Aprendió muy joven que todo lo que parecía accidental solía ser la antesala de algo mucho más grande.
Estaba sentado en su oficina privada, en el piso superior de un edificio discreto en São Paulo. Desde allí, la ciudad parecía una bestia inmensa respirando lentamente, con luces parpadeantes y avenidas que nunca dormían. Tenía un vaso de whisky en la mano, intacto desde hacía varios minutos.
No lo estaba bebiendo. Estaba pensando. Dos hombres permanec