El silencio de la noche había conquistado por completo la mansión. En la habitación de los trillizos, Ángelo terminó de ajustar el último pañal con una precisión que ya dominaba a la perfección. Observó a sus tres pequeños dormir plácidamente, sus respiraciones suaves y sincronizadas, y una sonrisa rara y tierna curvó sus labios marcados. Se pasó una mano por el cabello, exhausto pero satisfecho, y salió de la habitación con sigilo, desabrochándose los primeros botones de la camisa mientras cam