Arrieta acomodó a Mein Ling en una silla de ruedas con una delicadeza extrema, cubriendo sus piernas con una de las mantas de cachemira para protegerla del frío aire acondicionado del hospital. Con paso lento y constante, empujó la silla por los pasillos silenciosos del área de neonatología. Al cruzar las puertas automáticas del área de cuneros, el suave zumbido de los equipos médicos llenaba el espacio. Frente al gran ventanal de cristal, el médico de guardia los guio directamente hacia la inc