Jessica corría por los pasillos de mármol, su respiración agitada delataba el pánico que sentía tras escuchar a Rosa. Al llegar a la estancia principal, se detuvo en seco al no ver a la enfermera. Marco estaba allí, ajustando su radio y revisando su arma con la frialdad de siempre.
—¡Marco! —exclamó Jessica, acercándose a él con urgencia.
—Hey, tú, Jess... ¿Qué pasa? Tranquila, dime qué tienes —respondió Marco, notando su palidez.
—¿Has visto a la señorita Cassandra? Necesito hablar con ella ah