La boda del siglo no tuvo lugar en una iglesia convencional, sino en el "Grand Sapphire", el hotel más exclusivo del imperio de Elizabeth James. Ella misma se encargó de cada detalle: techos cubiertos de flores naturales que caían como lluvia, cientos de velas de cera blanca y un suelo de cristal pulido que reflejaba la elegancia del evento. Elizabeth no escatimó en gastos; el salón era una oda al amor y al renacimiento de su nueva vida.
En el altar, el aire era espeso. Ángelo Di Santi, el homb