La velocidad del vehículo de Ángelo desafió cualquier límite de seguridad vial. Entró al hospital con los ojos inyectados en sangre, ignorando las advertencias de los guardias y sin esperar a que el ascensor se detuviera por completo. Saltó antes de que las puertas abrieran del todo y corrió por el pasillo central como una ráfaga de viento.
Al entrar en la habitación, el aire se detuvo.
Valentina estaba de pie, con la mano sobre la boca, y Arrieta sostenía una libreta, mirando el monitor con un