La mañana en la mansión era una mezcla de caos y ternura. Mientras Cassandra desayunaba en el jardín con su abuela, Clara, Valentina y Mein, Ángelo se había quedado "al mando" en la guardería.
El silencio duró poco. Los tres bebés decidieron que era momento de una limpieza profunda. Ángelo, con la confianza de un general, se acercó al primero de los varones.
—Muy bien, pequeño, vamos a dejar esto impecable —dijo con voz firme, mientras el bebé no paraba de agitar las piernas.
Diez minutos despu