En el majestuoso ático corporativo de Nueva York, el ambiente post-videollamada seguía impregnado de una seriedad absoluta. Elizabeth caminaba cerca del ventanal que daba a la Quinta Avenida, observando las luces de la ciudad sin verlas realmente. Tenía los brazos cruzados y una expresión de genuina preocupación en sus facciones perfectas.
Zhang apareció detrás de ella, vistiendo un impecable pantalón de traje gris y una camisa blanca con los primeros botones desabrochados. Le colocó las manos