La tensión en la mansión era asfixiante, como una tormenta eléctrica a punto de estallar. Mientras Clara dormía profundamente bajo el efecto de un sedante suave, Wei bajó las escaleras con el rostro demacrado y los hombros cargados de culpa.
En el gran salón lo esperaban los “tres grandes”: Ángelo, Cassandra y Mein. El aire se sentía pesado.
Wei se detuvo frente a ellos. Su habitual arrogancia había desaparecido por completo.
—Clara está estable —dijo con voz ronca—. Pero hay algo más… Está emb