La mansión recuperó un silencio sepulcral tras la partida de la familia, pero esta vez no era un silencio de hielo, sino de espera. Wei bajó a la cocina, apartando a los chefs con un gesto firme. Necesitaba hacer esto con sus propias manos. Con una precisión casi quirúrgica, preparó una sopa de vegetales, equilibrando los sabores como si fuera una pócima para el alma, y sirvió un vaso de jugo de uva helado, el favorito de su esposa.
Antes de subir, tomó una flor de loto fresca de los jardines i