La luz del mediodía comenzó a filtrarse con fuerza por los ventanales de la cabaña, pero en la suite principal, el ambiente seguía siendo de una paz reconfortante. Clara, demostrando el instinto de una madre excepcional, llevaba despierta desde muy temprano. Con un cuidado infinito para no lastimarse, ya había atendido por completo a los gemelos: les dio de comer pacientemente, cambió sus pañales y, con la guía de las enfermeras, los bañó con una delicadeza absoluta, dejándolos limpios, perfuma