Dos semanas de una calma casi milagrosa habían transformado la atmósfera en Miami. La familia estaba más unida que nunca, respirando un aire de paz que parecía irreal para quienes vivían bajo la sombra de las armas. En el centro de esa tregua estaba Mein; su vientre de tres meses ya empezaba a notar una curva pequeña, sutil y hermosa bajo sus impecables vestidos de seda, un secreto a voces que la organización cuidaba como el tesoro más preciado de los Ling.
Mientras tanto, los preparativos para