Clara se irguió, desafiante, a pesar de estar envuelta en una prenda que le quedaba tres tallas más grande.
—Pues yo me doy mi lugar solo, Wei. Sabes perfectamente que nunca te faltaría el respeto, porque te amo con toda mi alma —dijo ella con la voz quebrada por la frustración—. Yo confío en ti ciegamente, pero veo que tú no confías en mí. Crees que necesito que me rescates de un tipo que solo estaba hablando, como si yo no supiera poner límites.
El silencio que siguió fue denso. Wei sintió el