La mansión amaneció envuelta en una paz engañosa. Tras el torbellino de pasión y violencia de los días anteriores, el silencio parecía un regalo. En su habitación, Clara se levantó con una determinación renovada.
Se alistó con cuidado, mirándose al espejo con la frente en alto. Al tomar su celular, la pantalla estaba inundada: 30 mensajes de Wei. Suplicas, disculpas, peticiones para hablar... Clara deslizó el dedo, leyó un par por encima y, con una sonrisa gélida, los dejó en visto.
Bajó al co