Con el respeto y la devoción que solo se le tiene a una madre, Cassandra, Clara y Valentina se encargaron de cambiar a la abuela Marta. Con agua aromatizada y movimientos suaves, las hermanas limpiaron su cuerpo por última vez, mientras Valentina las ayudaba a deslizar el hermoso vestido de seda que Marta tanto había querido. Peinaron su cabello cano con delicadeza y le colocaron un sutil toque de cariz en las mejillas. Al terminar, Marta lucía hermosa, con una expresión tan serena que parecía