El regreso de Ángelo a la mansión Di Santi estuvo marcado por una profunda paz mental. Al entrar, lo primero que hizo fue buscar a su madre, Valentina, quien lo esperaba en el elegante despacho principal, tomando una taza de té con esa postura aristocrática y protectora que la caracterizaba.
Ángelo se sentó frente a ella, se quitó el abrigo y, con una voz desprovista de la tensión anterior, le relató detalle a detalle el encuentro en la prisión: el llanto de Leonardo, su arrepentimiento genuino