Esa mañana, el aire en la Torre Reyes se sentía más frío de lo habitual, como si todo el edificio contuviera la respiración. Alrana estaba sentada en el ático de aislamiento, vestida con un sencillo vestido negro, contemplando su reflejo en la gran ventana de cristal. Su rostro estaba pálido, sus ojos hinchados, los restos de las lágrimas de la noche anterior aún le escocían. Las palabras de Sofía Navarro sobre "el sacrificio por las acciones de la familia" seguían dando vueltas en su cabeza, mezcladas con las amenazas de Lucyano sobre su madre en Oaxaca. Era un peón en un juego mortal, y la conferencia de prensa de hoy sería la declaración oficial de que era propiedad de Lucyano.
Poco después, entró un equipo de estilistas, sus rostros serios y profesionales. Maquillaron a Alrana con un maquillaje más espeso y oscuro de lo habitual, pintaron sus labios de un intenso color rojo vino y arreglar su pelo bob, ahora negro azabache. Le pusieron un vestido largo negro de corte elegante que