Esa mañana, el aire en la Torre Reyes se sentía más frío de lo habitual, como si todo el edificio contuviera la respiración. Alrana estaba sentada en el ático de aislamiento, vestida con un sencillo vestido negro, contemplando su reflejo en la gran ventana de cristal. Su rostro estaba pálido, sus ojos hinchados, los restos de las lágrimas de la noche anterior aún le escocían. Las palabras de Sofía Navarro sobre "el sacrificio por las acciones de la familia" seguían dando vueltas en su cabeza, m