Mundo ficciónIniciar sesión"¡Más humo! ¡Quiero que este lugar parezca un Infierno congelándose! ¡Y tú, Alrana! ¡Tus ojos están demasiado vivos! ¡Apágalos! ¡Necesito la mirada de un cadáver!"
Los gritos del director Franco, un hombre excéntrico con gafas de montura gruesa, rebotaban en las paredes de piedra de la catedral abandonada de San Hipólito. El viejo edificio del siglo XVIII estaba húmedo, con olor







