Alrana se sobresaltó, su cabeza casi golpea el frío hierro de la cama mientras intentaba levantarse como un rayo. Un fino polvo se pegó a sus palmas temblorosas, pero el pánico que se agitaba en su pecho era mucho más asfixiante, como si una mano invisible le estrujara el corazón. En el umbral de la puerta, Lucyano Reyes estaba de pie, erguido y majestuoso, su imponente sombra llenaba todo el marco. Sus manos estaban casualmente metidas en los bolsillos de sus costosos pantalones de tela, que probablemente valían más que todas sus posesiones en Oaxaca. Sus ojos oscuros, como pozos sin fondo, escanearon la posición de Alrana, que aún estaba medio arrodillada debajo de la cama, con una mirada indescifrable, una mezcla de curiosidad, dominio y fría satisfacción."¿Qué buscas ahí abajo, Querida? ¿Monedas perdidas? ¿O quizás buscas los restos de tu dignidad que cayeron y se hicieron añicos anoche, después de todo lo que viste y sentiste?" la voz de Lucyano resonó gravemente, deslizándose p
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