El miedo asfixiante aún se sentía en la garganta de Alrana, incluso después de que los guardias de Lucyano lograran repeler al intruso que la había arrastrado al pasillo oscuro la noche anterior. ¿Quién era ese hombre? ¿Por qué odiaba tanto a Lucyano? Esas preguntas daban vueltas en su mente, añadiendo otra capa de caos al alma ya cansada de Alrana. Sin embargo, no había tiempo para reflexionar. Esa mañana, Lucyano ya había enviado nuevas órdenes.
Alrana fue llevada a un estudio de cine separad