Vladislav
La sala del consejo estaba impregnada de tensión. Podía olerla, casi saborearla en el aire. Veinte líderes de clanes sentados alrededor de una mesa de roble antiguo, algunos con siglos de existencia, otros apenas con décadas. Todos con ambición. Todos con hambre.
Y en medio de ellos, Luna.
Mi Luna.
Observé cómo se movía con esa gracia que aún no sabía que poseía. Su cabello negro caía como una cascada sobre sus hombros, contrastando con el vestido carmesí que había elegido para ella.