—Si clavas ese clavo ahí, Jax, el porche se les va a caer en la cabeza a los aldeanos con el primer viento. Quítate, dame ese martillo.
Marcus, aflojándose el chaleco militar y limpiándose el sudor de la frente con el dorso del brazo, le arrebató con fuerza la herramienta de la mano a Jax. En el valle, justo debajo de la mansión, la construcción del nuevo mercado civil había comenzado con las primeras luces de la mañana. Desde que se derrumbaron los antiguos y oscuros muros de aislamiento del C