—Marcus, duplica las barricadas de hierro en el paso oriental. Por mucho que se queje el consejo civil, no dejaréis pasar los camiones procedentes de ese puerto sin antes sellarlos.
Damien estaba inclinado sobre el mapa en la amplia mesa de trabajo de la mansión, señalando con el dedo aquel punto oscuro en la franja costera del mar Negro. Su camisa gris se tensaba sobre los hombros; en su rostro aún predominaban esos rasgos severos e inflexibles de la noche anterior.
Marcus, de pie justo frente