—Si retrasas el engrase de los engranajes de la compuerta de la presa un solo día más, Jax, te juro que desmontaré esos hierros oxidados y los soldaré al motor de tu queridísimo vehículo blindado. Luego tendrás que ir a la frontera caminando.
Mientras los primeros rayos del amanecer se filtraban por los amplios ventanales de la cocina de la mansión, trayendo consigo ese aroma fresco a pino y tierra mojada del Norte, me giré hacia Jax con la cuchara de madera en la mano. Llevaba puesto un cómod